martes 3 de enero de 2012

Habiendo tantas cosas


Ese día en el Seven me recordó un cuento de "El libro de la imaginación" de Edmundo Valadés donde una señora que se enoja con un mesero se pone a pensar que por qué molestarse si había tanta belleza en el universo, tantos planetas y tanta vida que eso era algo superficial y tan pequeño...

lunes 31 de octubre de 2011

jueves 18 de agosto de 2011

Undido en la miel



Basado en una escena del libro "Donde mejor canta un pájaro" de A. Jodorowsky.

martes 21 de junio de 2011

jueves 26 de mayo de 2011

sin

lo hago sin saber, sin pensar, como al parecer todo me resulta, que quiero decirles todo y acabo sin palabras. que camino sin rumbo un camino sin suelo y al final me doy cuenta que caminé sin avanzar. que cuando parece que todo marcha con rumbo fijo el mundo se queda sin tiempo pero por mas que quiera nunca se queda sin gente. que el atardecer se queda sin su sol y yo sin luz y las noches en la ciudad sin estrellas y sin guias. cuando logro expresar mi dolor, todo se queda sin significado y cuando encuentro el sentido de existir me quedo sin vida para probarlo. cuando encuentro el cielo me quedo sin fe y cuando caigo al infierno he perdido todo el miedo que me quedaba. ¿qué pasará cuando me quede sin ti?

Sr. Grelmulio

lunes 25 de abril de 2011

blancoinegro


en la cima en la loma
no soy ningún rico
soy él, que mira
la alfombra de concreto y ladrillo
el enjambre de abejas sin alas
picar y no mueren
como quisiera
desde arriba
dejar caer la esperanza hermosa
por la que lloran los ciegos del color
como quisiera
tener una escalera
que me haga tocar esa la nube correcta
y alcanzar el arcoíris
blancoinegro
y enterarme de la verdad inefable


Uva

a Josefina, morada

has cortado el largo de tus pesares
has cambiado el color de tu mirada
y una sonrisa grande ha sido intercambiada
eres la mujer de alguien mas?
dime que no has abandonado mi nombre
que mis labios son la misma carnada
y que el día que me tenga que ir
pisarás mis huellas
con el mismo aire que removía tus recuerdos
que mis dedos sentirán
el suave de tu poesía


domingo 12 de diciembre de 2010

El niño, el hombre

El niño que había esperado toda su pequeña vida a que vinieran a jugar de nuevo con él, saltó de la silla amarilla y corrió con prisa por sobre los juguetes a abrir la puerta, sabía que había llegado porque escuchó que alguien se limpiaba los pies en el tapete. Dio vuelta a la manija con sus pequeñas manos y encontró a alguien de lo mas familiar. Le abrió toda la puerta y esta persona, de alrededor de treinta años, entró tímidamente como queriendo reconocer el lugar, como un déjà vu. El niño le tomó de la mano y lo condujo por toda la casa deshabitada y fría, hasta su habitación, llena de juguetes por todo el piso, soldaditos de plástico de alguna colección ya de mucho tiempo incompleta, carritos desgastados de la pintura por el uso, alguno que otro súper héroe de historietas con articulaciones. El hombre limpió un poco de polvo y se sentó en el suelo esperando no aplastar ningún juguete, tomó uno de los súper héroes como si fuera un articulo nuevo para él, pero pronto tomando alguno otro muñeco empezó a moverlos en actitud de pelea. Pronto se paró y hacía volar los juguetes desde su mano de una pared a otra, haciendo realidad un juego. El niño brincaba y observaba entretenido la acción de los muñecos, era tan real. Reía y gritaba emocionado. El hombre parecía que nunca había olvidado lo audaces que podían ser dos pedazos de plástico antropomorfos, estaba verdaderamente excitado recordando nombres y peleas de personajes de la televisión.
Después salieron con una pelota al jardín, horas y horas pasó el niño golpeándola y el hombre corriendo a rescatarla de algún conductor de coche descuidado que pitaba sin compasión. Y entonces se vio reflejado poniéndose en el lugar de los niños que se divierten en la calle. Jamás volvió a aventarle el coche a ninguno. Ni a jugar futbol, era malo desde pequeño.
De vuelta en casa, viendo algunas películas infantiles o una que otra película casera de las fiestas de cumpleaños, el niño ya cabeceaba sobre los muslos del hombre, que entretenido, dejaba rodar la cinta hasta tener oportunidad de poner otra.
El hombre, para cuando el sol trataba de meterse tras las montañas entrecerrando los ojos para dormir, ya no aguantaba el cuerpo. Le dijo al niño que lamentablemente mañana trabajaría, y el niño entristeció tanto porque sabía que volvería a pasar mucho mucho tiempo para que él regresara a visitarlo de nuevo. Incluso lloró desconsolado y pataleó sobre sus juguetes sin importarle si los maltrataba. El hombre le prometió regresar pronto, lo más pronto posible, y para acordarse, tomó uno de los soldaditos de plástico y lo metió en la bolsa del saco, para cada vez que lo encontrara ahí se acordara de que tenía una cita pendiente con su niño interior.