domingo 12 de diciembre de 2010

El niño, el hombre

El niño que había esperado toda su pequeña vida a que vinieran a jugar de nuevo con él, saltó de la silla amarilla y corrió con prisa por sobre los juguetes a abrir la puerta, sabía que había llegado porque escuchó que alguien se limpiaba los pies en el tapete. Dio vuelta a la manija con sus pequeñas manos y encontró a alguien de lo mas familiar. Le abrió toda la puerta y esta persona, de alrededor de treinta años, entró tímidamente como queriendo reconocer el lugar, como un déjà vu. El niño le tomó de la mano y lo condujo por toda la casa deshabitada y fría, hasta su habitación, llena de juguetes por todo el piso, soldaditos de plástico de alguna colección ya de mucho tiempo incompleta, carritos desgastados de la pintura por el uso, alguno que otro súper héroe de historietas con articulaciones. El hombre limpió un poco de polvo y se sentó en el suelo esperando no aplastar ningún juguete, tomó uno de los súper héroes como si fuera un articulo nuevo para él, pero pronto tomando alguno otro muñeco empezó a moverlos en actitud de pelea. Pronto se paró y hacía volar los juguetes desde su mano de una pared a otra, haciendo realidad un juego. El niño brincaba y observaba entretenido la acción de los muñecos, era tan real. Reía y gritaba emocionado. El hombre parecía que nunca había olvidado lo audaces que podían ser dos pedazos de plástico antropomorfos, estaba verdaderamente excitado recordando nombres y peleas de personajes de la televisión.
Después salieron con una pelota al jardín, horas y horas pasó el niño golpeándola y el hombre corriendo a rescatarla de algún conductor de coche descuidado que pitaba sin compasión. Y entonces se vio reflejado poniéndose en el lugar de los niños que se divierten en la calle. Jamás volvió a aventarle el coche a ninguno. Ni a jugar futbol, era malo desde pequeño.
De vuelta en casa, viendo algunas películas infantiles o una que otra película casera de las fiestas de cumpleaños, el niño ya cabeceaba sobre los muslos del hombre, que entretenido, dejaba rodar la cinta hasta tener oportunidad de poner otra.
El hombre, para cuando el sol trataba de meterse tras las montañas entrecerrando los ojos para dormir, ya no aguantaba el cuerpo. Le dijo al niño que lamentablemente mañana trabajaría, y el niño entristeció tanto porque sabía que volvería a pasar mucho mucho tiempo para que él regresara a visitarlo de nuevo. Incluso lloró desconsolado y pataleó sobre sus juguetes sin importarle si los maltrataba. El hombre le prometió regresar pronto, lo más pronto posible, y para acordarse, tomó uno de los soldaditos de plástico y lo metió en la bolsa del saco, para cada vez que lo encontrara ahí se acordara de que tenía una cita pendiente con su niño interior.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

siempre me gusta llegar a este punto de búsqueda y navegación en la web, sabes por que? la razon es simple, siempre termino en tu blogg y me gusta! me gusta por que recuedo mis primeras impresiones sobre ti mi amor!
te amo
me encanto tu cuento que has escrito mientras yo veia una película en la sala de nuestro hogar.
te amo bebe

Anónimo dijo...

"El hombre le prometió regresar pronto, lo más pronto posible..."

Un día, una hora, dos palabras... ¿Regresaras?


Verinini